Historia

24 de julio, natalicio de Simón Bolívar: los errores y ambiciones que la historia oficial no cuenta

Cada 24 de julio se conmemora el natalicio de Simón Bolívar, los eventos que se desarrollan en instituciones gubernamentales y educativas marcan un recordatorio de los aciertos del llamado «libertador», pero la historia oficial no cuenta u omite cierta información que aquí te detallaremos.

Muchos países sudamericanos se detienen el 24 de julio a celebrar el natalicio de Simón Bolívar. Hay desfiles, discursos, monumentos que brillan un poco más limpios ese día.

Pero qué pasaría si te dijera que el mismo hombre que liberó a media América del Sur también soñó, muy en serio, con ser presidente vitalicio? Suena contradictorio, ¿verdad? Pues así de contradictorio fue Bolívar.

Este artículo no busca tirar abajo al Libertador ni negarle sus logros, que fueron enormes. La idea es otra: mostrarte al hombre completo, con sus luces y también con sus sombras.

Porque idolatrar a alguien sin matices no es hacerle un homenaje, es borrarle la humanidad. Y Bolívar, antes que estatua, fue una persona con ambiciones, errores de cálculo y decisiones que hoy generan debate entre historiadores serios.

Quién fue Simón Bolívar, en breve

Nacido en Caracas el 24 de julio de 1783, Bolívar creció en una familia criolla acomodada y quedó huérfano siendo niño. Su formación estuvo marcada por la Ilustración europea: leyó a Rousseau, Montesquieu y Voltaire, viajó a París, conoció a Napoleón y terminó jurando, en Roma, que no descansaría hasta liberar a su tierra del dominio español.

Ese juramento no fue solo retórica. Bolívar lideró campañas militares que cambiaron el mapa de Sudamérica: Boyacá, Carabobo, Pichincha. Nadie puede quitarle eso. Pero, como toda figura histórica gigante, su legado tiene capas. Y algunas de esas capas incomodan.

El decreto que dividió su propia guerra

Vamos al primer punto polémico: el Decreto de Guerra a Muerte, dictado en Trujillo el 15 de junio de 1813.

¿Qué decía exactamente? Que todo español o canario que no se sumara activamente a la causa independentista sería ejecutado, mientras que los americanos, incluso los que hubieran colaborado con la corona, serían perdonados.

¿Fue una respuesta a las atrocidades realistas previas? Sin duda. Oficiales como Domingo de Monteverde ya venían aplicando una violencia brutal contra los republicanos. Pero, ¿justifica eso institucionalizar la muerte por origen étnico o nacional? Ahí está el debate.

Algunos historiadores señalan además la influencia de la Revolución Haitiana en esta radicalización, un modelo que mezclaba independencia con guerra racial.

No es un dato menor: Bolívar, el mismo que hablaba de libertad e igualdad, firmó un documento que condenaba a muerte a personas por su origen, no por sus actos individuales.

La constitución que lo delató

Aquí viene, quizás, el capítulo más incómodo de toda la biografía bolivariana: la Constitución Vitalicia de 1826, también conocida como la Constitución Boliviana. Bolívar la impulsó con entusiasmo, y no exagero al decir «entusiasmo»: él mismo la llamaba «mi Constitución».

¿Qué proponía? Un presidente vitalicio, con la potestad de nombrar a su propio sucesor. En otras palabras, un cargo que se parecía sospechosamente a una monarquía disfrazada de república.

Bolivia la adoptó por un par de años, Perú la aprobó sin llegar a implementarla del todo, y en la Nueva Granada generó un rechazo feroz.

Piénsalo así: es como si alguien predicara sobre la importancia de compartir y, al mismo tiempo, se quedara con la llave de la única puerta de salida.

Sus contemporáneos no fueron indulgentes con esta contradicción. En 1827 circuló en Buenos Aires y Lima un libelo titulado «La conducta del general Bolívar», donde se le acusaba de albergar, bajo su fachada de héroe, «sentimientos ambiciosos» y «pretensiones de convertirse en amo».

No era un panfleto cualquiera: reflejaba una sospecha que ya circulaba entre buena parte de la élite política de la época.

Una pausa aquí. ¿No crees que hay alguna similitud con ciertos políticos actuales que pretenden o han pretendido perennizarse en el poder?

Existe uno que otro que sí lo ha logrado, para desgracia de su pueblo, esperemos que toda esa iniquidad termine.

Ahí está la razón del por qué esos personajes nefastos actuales idolatran a Bolívar.

Sigamos:

De libertador a dictador declarado

La cosa no quedó en proyectos de papel. En 1828, tras el fracaso de la Convención de Ocaña, Bolívar se hizo declarar Dictador. Sí, con mayúscula, con todas las letras. No fue un insulto que le lanzaron sus enemigos: fue un título formal que asumió para gobernar la Gran Colombia sin las trabas del Congreso.

¿Se entiende el contexto? Claro que sí: el proyecto de la Gran Colombia se desmoronaba entre rivalidades regionales, tensiones raciales y de clase, y una institucionalidad todavía frágil.

Pero, ¿justifica eso desmantelar los contrapesos civiles en favor del mando militar? Historiadores contemporáneos apuntan a que este desprecio por lo que Bolívar llamaba «leyes de papel» abrió la puerta al modelo del caudillo militar, un patrón que luego contagió a buena parte de la región durante todo el siglo XIX. Como quien dice, sembró sin querer la semilla de las guerras civiles que vinieron después de su muerte.

Su gran sueño se le escapó de las manos

Bolívar no solo quería independencia, quería unidad. Su proyecto más ambicioso fue la Gran Colombia: una sola nación que reuniera a Venezuela, Colombia, Panamá y Ecuador, inspirada, según algunos relatos, en el modelo federal de Estados Unidos.

¿Y qué pasó? Se desintegró en pocos años, en gran parte por las mismas tensiones que su autoritarismo había agravado.

Para 1830, cuando Bolívar moría en Santa Marta enfermo de tuberculosis, su gran sueño ya estaba hecho pedazos.

Es una de esas paradojas históricas que duelen: el hombre que unió ejércitos para expulsar a España no logró mantener unida su propia creación política. Casi como construir un edificio impecable sobre cimientos que nadie terminó de fijar bien.

Ambición, vanidad y un lado oscuro que pocos mencionan

No todos los historiadores se quedan en lo político. Algunos análisis, como el de la reimpresión limeña de 1827 de la llamada «Vindicación» de Diego de Mérida, van más allá y señalan rasgos personales: hipocresía, ambición desmedida, vanidad, e incluso episodios de dureza que rozaban la crueldad, con impacto directo en libertades básicas como la de imprenta.

¿Suena fuerte? Lo es. Pero conviene aclarar algo importante: estos juicios provienen de sus contradictores políticos de la época, muchos con intereses propios de desprestigiar a Simón Bolívar.

El lado oscuro de Bolívar
El lado oscuro de Bolívar. Img: PUCP

La historia no es blanco y negro, y aquí menos que en cualquier otro caso. Lo honesto es presentarte ambas caras: la del genio militar y estadista, y la del hombre que, según sus críticos, dejó que el poder se le subiera más de la cuenta.

¿Y la esclavitud? Una historia con matices

Este punto merece cuidado porque suele simplificarse en ambas direcciones. Es cierto que Bolívar liberó a sus propios esclavos y defendió la abolición ante el Congreso de Angostura y luego en Cúcuta.

Pero también es cierto que la abolición completa y efectiva de la esclavitud en los territorios que él lideró no se logró durante su vida; se aplicó de forma gradual, parcial y con resistencia de las élites locales.

No hubo una «promesa rota» en el sentido de que mintiera, pero sí una brecha considerable entre el discurso y el resultado concreto. Vale la pena no exagerar en ningún sentido: ni pintarlo como abolicionista pleno, ni acusarlo de traición sin contexto.

Entonces, ¿héroe o villano?

Ninguna de las dos etiquetas le queda bien del todo, y esa es justamente la conclusión más honesta. Bolívar fue, como dice la historiadora peruana Scarlett O’Phelan, una figura de «luces y sombras».

Tuvo la valentía militar y la visión política para desafiar al imperio español más poderoso de su tiempo. Y, al mismo tiempo, cayó en la trampa clásica del poder: convencerse de que solo él podía sostener el proyecto que había creado.

Conclusión

Celebrar el natalicio de Simón Bolívar no debería significar borrar sus contradicciones. Al contrario: entender sus errores, su ambición desmedida por el poder vitalicio y las decisiones cuestionables como el Decreto de Guerra a Muerte nos da una versión más rica, más humana y, honestamente, más útil de la historia.

Los héroes de bronce no enseñan nada; los héroes con grietas, sí. Bolívar liberó territorios, pero también tropezó con el mismo poder que ayudó a construir. Y quizás esa lección, la de cómo hasta las mejores intenciones pueden desviarse cuando nadie pone límites, sea el regalo más valioso que nos deja cada 24 de julio.

Preguntas frecuentes

¿Por qué se celebra el 24 de julio como el natalicio de Simón Bolívar?

Porque ese día, en 1783, nació en Caracas, Venezuela. Se conmemora en varios países de la región como fecha patria vinculada a la independencia.

¿Bolívar realmente se declaró dictador?

Sí, en 1828 se hizo declarar Dictador de la Gran Colombia tras el fracaso de la Convención de Ocaña, un hecho documentado históricamente y no solo una acusación de sus opositores.

¿Qué fue la Constitución Vitalicia de Bolívar?

Fue la Constitución Boliviana de 1826, que proponía un presidente vitalicio con poder para nombrar a su sucesor. Bolivia la adoptó brevemente y generó fuerte rechazo en la Nueva Granada.

¿Bolívar abolió la esclavitud?

Impulsó su abolición ante el Congreso y liberó a sus propios esclavos, pero la abolición completa en los territorios liberados no se concretó plenamente durante su vida; el proceso fue gradual y parcial.

¿Por qué fracasó el proyecto de la Gran Colombia?

Por tensiones regionales, rivalidades entre caudillos y una institucionalidad débil, agravadas por las tendencias autoritarias del propio Bolívar en sus últimos años de gobierno.

De esta manera hemos conocido detalles que otros medios no te cuentan sobre Simón Bolívar, a propósito de cumplirse 243 años de su natalicio.

Fuentes: Global Voices | El Comercio Perú | Panorama Cultural | Venezuela Inmortal | Cultura Colectiva

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Alejandro

Alejandro Ochoa, es un apasionado de los negocios por internet, de la tecnología y la educación. Creador de contenido de historia, política, salud, sociedad, previa profunda investigación.

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