
¿Sabes por qué el 7 de abril tiene un significado especial para millones de personas en todo el mundo?
No es un feriado ni un evento deportivo. Es el día mundial de la salud, una fecha que nos recuerda algo fundamental: la salud no es un privilegio, es un derecho.
El Día Mundial de la Salud se celebra el 7 de abril desde 1950. Fue establecido el 22 de julio de 1946 por 61 miembros de las Naciones Unidas, cuando representantes de esas naciones firmaron la Constitución de la Organización Mundial de la Salud en Nueva York.
A partir de ese momento, el mundo acordó que la salud de las personas era un asunto colectivo, no individual.
Pero en Ecuador, hablar del día mundial de la salud no puede ser solo un acto de celebración.
Es también, y sobre todo, una oportunidad para mirar de frente lo que tenemos, lo que nos falta y lo que hemos desperdiciado. Y hay mucho de las tres cosas.
¿Cómo nació el día mundial de la salud?
Pensemos en lo que era el mundo en 1948. Acababa de terminar la Segunda Guerra Mundial, millones de personas habían muerto no solo por las bombas sino por enfermedades, hambre y falta de atención médica.
En ese contexto, los países del mundo decidieron que nunca más.
En 1948, los países del mundo se unieron y fundaron la OMS para promover la salud, preservar la seguridad del mundo y servir a los vulnerables, de modo que todas las personas, en todas partes, puedan alcanzar el más alto grado de salud y bienestar.
Era una promesa enorme. Y todavía estamos tratando de cumplirla.
Desde su primera edición en 1950, bajo el lema «Conoce tus servicios de salud», hasta la celebración de 2024 con el tema «Mi salud, mi derecho», decenas de ediciones del día internacional de la salud han puesto el foco tanto en los objetivos de la propia organización como en los problemas sanitarios que requieren atención especial.
Para 2025, la OMS eligió el lema «Comienzos saludables, futuros esperanzadores», enfocándose en la salud materna y neonatal. Una elección que, como veremos, le pega directamente a Ecuador.
Un Ministerio de Salud que llegó tarde
Aquí viene algo que no mucha gente sabe y que debería generar algo de vergüenza histórica.
Al momento de su creación en 1967, Ecuador era el único país de América que no contaba con un Ministerio de Salud. El único. De todo el continente.
Mientras otros países latinoamericanos llevaban décadas construyendo sistemas de salud pública, Ecuador recién formalizaba una cartera estatal para el sector en 1967.
Eso explica muchas cosas sobre la fragilidad estructural que arrastramos hasta hoy.
El sistema nacional de salud del Ecuador es un sistema mixto, segmentado y fragmentado.
El sector público está conformado por el Ministerio de Salud Pública, el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, los Institutos de Seguridad de las Fuerzas Armadas y Policía Nacional, además de redes de salud de gobiernos autónomos descentralizados, la Junta de Beneficencia de Guayaquil, SOLCA y la Cruz Roja Ecuatoriana.
¿Pueden ver el problema? Demasiados actores, demasiados sistemas, poca coordinación. Es como tener cinco cocinas en una casa donde nadie se pone de acuerdo en qué cocinar.
La seguridad social: un pilar construido a retazos
El IESS tiene una historia más larga que el propio Ministerio de Salud. Con el Decreto Ejecutivo n.º 18, publicado el 13 de marzo de 1928, se creó la Caja de Pensiones, que protegía a funcionarios del magisterio público, empleados públicos, bancarios y a militares.
Desde ese embrión institucional, el sistema fue creciendo a trompicones, cambiando de nombre, expandiendo cobertura, hasta convertirse en el IESS que conocemos hoy.
Sin embargo, ese crecimiento nunca fue suficiente. La cobertura de la seguridad social era relativamente baja —IESS 10% y Seguro Campesino 10%— y la red asistencial pública muy limitada, quedando aproximadamente sin cobertura un 30% de la población.
Tres de cada diez ecuatorianos sin ninguna protección de salud formal. Un número que debería indignarnos.
Además, el sistema siempre operó con una lógica de silos: el que tiene trabajo formal va al IESS, el pobre va a los hospitales del Ministerio, el militar al ISFA, el policía al ISSPOL.
Cada uno en su mundo, sin hablar con el otro. Como compartimentos estancos en un barco que debería navegar unido.
Los años 80 y 90: reformas que nunca llegaron
La época de los 80 y 90 fue un período de intenciones sin resultado.
El proceso de reforma sanitaria se insinuó a través de esfuerzos dispersos e inconexos, generados tanto desde el Estado como desde organizaciones autónomas, ONG’s y organismos internacionales.
En otras palabras, muchos querían reformar el sistema, pero nadie lograba ponerse de acuerdo en cómo.
La evolución política del país se caracterizó por inestabilidad de las instituciones y alto grado de conflictividad social, entre los años de 1992 y 2006, por el cambio continuo de gobernabilidad, violencia social e incremento de la corrupción, inestabilidad administrativa y falta de continuidad en la gestión pública.
Trece presidentes en doce años. Eso fue Ecuador entre 1996 y 2007.
¿Cómo construyes una política de salud coherente en ese contexto? Simplemente no puedes.
Cada nuevo gobierno llegaba con su propia visión, desarmaba lo poco que había avanzado y empezaba desde cero. Un círculo vicioso que el sector salud pagó con su deterioro progresivo.
Rafael Correa y la promesa de la salud gratuita
Cuando Rafael Correa llegó al poder en 2007, el sector salud recibió algo que no había tenido en mucho tiempo: atención y recursos.
El gobierno de Correa propuso transformar el sistema de salud en un «sistema de acceso universal, gratuito y de excelente calidad», y puso en marcha desde el inicio de su período la gratuidad progresiva y la declaración de emergencia para mejorar la infraestructura e incrementar el equipamiento, medicinas y recursos humanos en salud.
¿Y funcionó? Parcialmente, sí. Los números lo muestran. El IESS presentó un incremento del 105% de afiliados activos en el Seguro General Obligatorio en el período 2007-2014.
La cobertura del Seguro Social Campesino creció al 68% durante el mismo período.
Más gente cubierta, más hospitales construidos, más médicos contratados.
En ese mismo período, para el año 2010 en Ecuador existían 3.981 establecimientos de salud entre públicos y privados, lo que representó un incremento del 10% respecto al número de establecimientos existente en el año 2000, incremento dado principalmente por un aumento en la oferta pública.
Pero aquí viene el «pero» enorme. La gratuidad sin sostenibilidad financiera es una bomba de tiempo.
Correa construyó hospitales, contrató médicos y eliminó copagos, todo financiado con la bonanza petrolera.
Cuando el petróleo cayó, el sistema se quedó sin oxígeno.
El día mundial de la salud en Ecuador debería recordarnos precisamente eso: que la salud necesita financiamiento estructural, no solo voluntad política.
Precisamente, Rafael Correa, tuvo esa bonanza petrolera que no la supo administrar y al contrario, la ola de corrupción que se levantó en su administración fue un detonante para el colapso de salud.
El sistema: un rompecabezas sin armar
Para entender la crisis actual, hay que entender cómo funciona el sistema. Y la respuesta corta es: no funciona como sistema, sino como varios subsistemas que coexisten sin coordinarse.
El sistema nacional de salud del Ecuador se organiza bajo el modelo de la Red Pública Integral de Salud (RPIS) y la Red Privada Complementaria (RPC).
De los 3.140 establecimientos asistenciales registrados, el 91,94% corresponden al primer nivel de atención, el 6,59% al segundo y el 1,46% al tercero.
Eso significa que la inmensa mayoría de los establecimientos son centros de salud básicos, los que en teoría deberían resolver los problemas menores y evitar que los hospitales se colapsen.
Pero si esos centros no tienen medicamentos ni insumos, el colapso migra hacia arriba. Y eso es exactamente lo que está pasando.
En Ecuador existen 185 hospitales y centros de salud que pertenecen al Ministerio de Salud Pública y al IESS.
Entre los más importantes están el Hospital Teodoro Maldonado Carbo en Guayaquil, con 1.087 camas, el Hospital Carlos Andrade Marín en Quito con 700 camas, y el Hospital General del Norte IESS Los Ceibos en Guayaquil con 600 camas.
Grandes hospitales, sin duda. Pero el tamaño no garantiza la atención. Un hospital grande sin medicamentos es simplemente un edificio que no sirve.
La crisis actual: el sistema al borde del colapso
Llegamos al presente, y la situación es alarmante. En el día mundial de la salud en Ecuador, hay que decirlo sin eufemismos: el sistema de salud pública está en crisis grave.
Hospitales sin medicinas, pacientes sin atención oportuna y un presupuesto que se encoge año tras año mientras la demanda crece.
La inestabilidad política, traducida en cinco ministros de Salud en apenas 20 meses, dejó a la gestión sanitaria atrapada en la improvisación.
Y los números duelen. En 2023 el presupuesto para derivaciones de pacientes era de 366 millones de dólares.
En 2024 se redujo a 84 millones y en 2025 cayó a solo 12,8 millones.
Una reducción del 96% en solo dos años. El resultado es brutal: miles de pacientes que antes podían ser derivados a clínicas privadas cuando el sistema colapsaba, ahora simplemente se quedan sin atención.
¿Y qué hay del presupuesto total? En 2023 el sector salud recibió 3.217 millones de dólares, el presupuesto más alto desde 2015.
Sin embargo, en 2024 la cifra cayó a 2.959 millones y en 2025 tocó fondo con 2.798 millones. En apenas tres años, el recorte fue de 421 millones de dólares.
Esto es más que una reducción presupuestaria. Es una señal de que el Estado dejó de priorizar la salud pública como debería.
Hospitales sin medicamentos: la cara más dolorosa
Lo más dramático no está en los informes técnicos. Está en los pasillos de los hospitales.
Hasta agosto de 2025, los hospitales públicos del país enfrentaron un desabastecimiento crítico de 111 medicamentos.
Entre los fármacos ausentes figuran la azitromicina, el ácido acetilsalicílico, la insulina ultrarrápida para pacientes diabéticos y el tranquilizante lorazepam.
La situación obligó a médicos a pedir a los pacientes que compren insumos y medicinas por cuenta propia, pese a que esta práctica está prohibida.
Más grave aún: no hubo disponibilidad de dosis contra la influenza, poliomielitis, sarampión, rubéola ni Covid-19.
Vacunas básicas, ausentes. Enfermedades que el mundo lleva décadas controlando, volviendo a ser una amenaza real en Ecuador por falta de abastecimiento.
De acuerdo con informes oficiales, el Hospital Monte Sinaí de Guayaquil enfrenta la situación más grave, con solo un 18% de medicamentos disponibles hasta septiembre de 2025.
Le siguen el Hospital Enrique Ortega Moreira en Durán, el Hospital de Portoviejo y el Hospital Gustavo Domínguez en Santo Domingo. En total, 60 hospitales públicos registran menos del 80% de abastecimiento.
Un 18% de abastecimiento. Imagínate ir a un supermercado y encontrar apenas el 18% de los productos. Ahora imagina que en lugar de comida, lo que falta son los medicamentos que necesitas para vivir.
La emergencia que no resolvió nada
Ante la magnitud de la crisis, el Gobierno reaccionó.
Aunque tarde. A finales de septiembre de 2025, el ministro de Salud, Jimmy Martín, firmó la resolución declarando la emergencia institucional por 60 días para agilizar compras por USD 50 millones.
El resultado fue decepcionante. Pasados los dos meses, el Ministerio firmó solo 256 contratos, de los 765 medicamentos e insumos que necesitaba.
Los contratos sumaron USD 10,4 millones, de los USD 50 millones previstos. Menos de un cuarto de lo que se necesitaba, a la mitad del ritmo necesario.
Y la situación en el primer nivel tampoco es mejor. El gobierno declaró la emergencia el 29 de septiembre de 2025, pero hasta el 9 de marzo de 2026 la crisis de desabastecimiento no ha logrado ser resuelta por problemas en los procesos de compra.
Hay algo particularmente preocupante detrás de todo esto.
La ex ministra de Salud, Ximena Garzón, advierte que el problema no es solo de recursos, sino de gestión: la falta de conocimiento de la normativa de compras públicas y la ausencia de una logística de distribución robusta han provocado que los procesos se caigan o que los fármacos no lleguen a las unidades desconcentradas.
Es decir, a veces no es que no haya dinero. Es que el dinero existe pero nadie sabe cómo gastarlo correctamente. Eso es igual o peor.
La inversión que no alcanza ni de lejos
La OMS tiene una recomendación clara: los países deben destinar al menos el 6% de su PIB al sector salud para sostener sistemas sanitarios funcionales. Ecuador está muy por debajo de eso.
El presupuesto destinado a salud en 2025 representó el 2,2% del Producto Interno Bruto (PIB), una cifra inferior al 6% recomendado por la Organización Mundial de la Salud para sistemas sanitarios sostenibles.
Esta diferencia impacta directamente en la disponibilidad de servicios, medicamentos y personal.
Más revelador aún: si el gasto en medicamentos se repartiera entre los 17 millones de ecuatorianos, equivaldría a solo 10 dólares por persona al año.
Eso representa apenas unos seis blísteres de ibuprofeno. Seis blísteres de ibuprofeno por persona, por año. Eso es lo que el Estado ecuatoriano gasta en medicamentos para cada ciudadano.
Y la consecuencia es directa: el desabastecimiento de medicamentos ha crecido sostenidamente en los últimos años: en 2023 alcanzaba el 20%; en 2025 se elevó al 28%. Cada año, más hospitales sin lo básico.
La corrupción: el enemigo silencioso de la salud
No podemos hablar de la crisis de salud en Ecuador sin mencionar la corrupción. Es el elefante en la habitación que nadie quiere nombrar, pero que está sentado en primera fila.

Las autoridades reconocen que hay «mafias enquistadas» que evitan que los tratamientos lleguen a manos de los pacientes.
La vicepresidenta María José Pinto fue incluso más directa: declaró públicamente que uno de los sectores más corruptos del Ecuador es el de la salud.
El IESS pagó a clínicas privadas aproximadamente 8.000 millones de dólares entre 2013 y 2025 por atención a pacientes derivados desde el sistema público.
Ocho mil millones de dólares que salieron del bolsillo de los afiliados. ¿Cuánto de ese dinero fue a parar donde debía? Esa es la pregunta que nadie ha podido responder con claridad.
El personal médico: entre la vocación y el abandono
Hay personas que trabajan en el sistema sabiendo que no tienen con qué trabajar.
Los médicos y enfermeras del sistema público ecuatoriano merecen un reconocimiento especial, porque su labor heroica sostiene un sistema que muchas veces los abandona.
Médicos del Ministerio de Salud advierten que el sistema carece de organización y que los hospitales de especialidad están colapsados porque se pierde tiempo vital atendiendo a pacientes que deberían haber sido atendidos en los centros de atención primaria antes de agravarse.
Los mismos médicos, incapaces de recetarle a un paciente una medicina que saben que no hay en la farmacia del hospital, han llegado a un punto extremo: para no exponerse a responsabilidades legales, los médicos han optado por pedir los insumos en papeles comunes sin el membrete del Ministerio de Salud, obligando al paciente a gastar en farmacias privadas.
Eso es una señal de colapso institucional. No solo presupuestario.
Lo que necesita el sistema para salir del hoyo
El Observatorio Médico propone medidas urgentes como la compra inmediata de medicamentos para enfermedades raras, el pago a proveedores de servicios médicos y dializadoras, la declaración de emergencia en el sector salud y el incremento progresivo del presupuesto sanitario hasta alcanzar el 6% del PIB.
A eso habría que sumarle algo estructural: romper la fragmentación del sistema.
- Que el IESS, el Ministerio y los demás actores dejen de operar como islas y empiecen a funcionar como una red real.
- Que el primer nivel de atención —los centros de salud del barrio— funcione bien para que los hospitales grandes no colapsen con casos que podrían resolverse antes.
Y sobre todo, que la salud deje de ser un tema que se recuerda solo cuando hay crisis. El día mundial de la salud en Ecuador debería ser una fecha de reflexión colectiva, no solo un comunicado del Ministerio.
Conclusión
Cada 7 de abril, el día mundial de la salud en Ecuador llega con la misma paradoja: un país que reconoce constitucionalmente la salud como derecho fundamental, pero que no puede garantizar ni un blíster de paracetamol en los hospitales públicos.
Llevamos décadas construyendo un sistema fragmentado, financiándolo a medias, permitiendo que la corrupción le coma por dentro y cambiando ministros como si eso resolviera algo.
Los avances existen, y sería injusto no reconocerlos.
Más afiliados al IESS, más establecimientos de salud, más médicos formados. Pero los problemas estructurales siguen ahí, más profundos que nunca.
El 7 de abril no debería ser solo una fecha en el calendario. Debería ser la excusa perfecta para exigir lo que nos corresponde: un sistema de salud que funcione, para todos, siempre. No solo cuando hay dinero del petróleo. No solo cuando hay campaña electoral. Siempre.
Preguntas frecuentes
¿Por qué se celebra el día mundial de la salud el 7 de abril?
Porque el 7 de abril de 1948 entró en vigor la Constitución de la Organización Mundial de la Salud.
La Primera Asamblea Mundial de la Salud propuso conmemorar esa fecha, y desde 1950 se celebra cada año el 7 de abril con un tema central diferente relacionado con los desafíos sanitarios globales más urgentes.
¿Cuándo se creó el Ministerio de Salud Pública en Ecuador?
El Ministerio de Salud Pública del Ecuador fue creado en 1967, lo que lo convirtió en ese momento en el último país de América en tener este organismo rector.
Antes de esa fecha, Ecuador no contaba con una institución estatal formal dedicada exclusivamente a gestionar la salud pública a nivel nacional.
¿Cuál es la situación actual de los hospitales públicos en Ecuador?
En 2025, los hospitales públicos ecuatorianos atraviesan una crisis severa de desabastecimiento.
Más de 60 hospitales tienen menos del 80% de los medicamentos que necesitan, varios operan con apenas el 18% o 19% de abastecimiento, y faltaron incluso medicamentos básicos como insulina, paracetamol y vacunas esenciales.
El presupuesto de salud cayó a 2.798 millones de dólares en 2025, el más bajo en varios años.
¿Cuánto gasta Ecuador en salud en comparación con lo recomendado por la OMS?
En 2025, Ecuador destinó apenas el 2,2% de su PIB al sector salud, cuando la OMS recomienda un mínimo del 6% para sistemas sanitarios sostenibles.
Esto se traduce en una inversión de aproximadamente 10 dólares por persona al año en medicamentos, lo que equivale a poco más de seis blísteres de ibuprofeno por ecuatoriano.
¿Qué avances logró el gobierno de Rafael Correa en salud pública?
Durante el gobierno de Correa (2007-2016), la afiliación al IESS creció un 105%, se eliminaron los copagos en los hospitales públicos, se construyó nueva infraestructura hospitalaria y se incrementó el número de médicos contratados.
Sin embargo, estos logros dependían del boom petrolero y no fueron acompañados de reformas estructurales que garantizaran su sostenibilidad cuando los precios del crudo cayeron.
Es así, que el día mundial de la salud en Ecuador, no es una fecha bonita en el calendario, sino un día para reflexionar cómo está la salud en el páis.
Pero son las autoridades quienes deben tomar acción frente a esta crisis de una vez por todas.
Fuentes: Ministerio del Ambiente | Inredh | Open Democracy | UASB | Público | OpenEdition | El Universo | Extractivismo | FidevalFideval









