El día que brotó el petróleo ecuatoriano y cambió todo

Imagínate estar en medio de la selva amazónica, rodeado de mosquitos, calor y barro hasta las rodillas, y de repente escuchar sirenas.
Así fue como comenzó todo. Al mediodía del 29 de marzo de 1967, las sirenas empezaron a sonar anunciando que un brote de petróleo había salido del pozo Lago Agrio.
Ecuatorianos, estadounidenses y colombianos gritaban al unísono: ¡petróleo, petróleo!
Ese grito no era solo de emoción. Era el grito de un país que creía haber encontrado su billete dorado hacia el desarrollo. Pero como veremos, las cosas rara vez son tan simples.
El 29 de marzo de 1967 se registró el primer brote de petróleo rentable dentro de la Región Oriental, en el pozo Lago Agrio No. 1, en la concesión otorgada a las compañías Texaco y Gulf. A partir de ese momento, Ecuador nunca volvió a ser el mismo.
¿Qué tan grande fue ese primer brote?
No fue un chorrito tímido. Aproximadamente 2.610 barriles brotaban a diario en el pozo que se encontraba a cargo de la empresa Texaco, dando inicio a la era petrolera del Ecuador.
El crudo salía desde unos 3.100 metros de profundidad, como si la tierra amazónica quisiera soltar lo que había guardado por millones de años.
Hasta junio de 1968 se perforaron ocho pozos con una producción promedio diaria de 10.003 barriles, el doble de la producción de los pozos en la Península de Santa Elena.
¿Pueden ver el tamaño del descubrimiento? Era enorme. Ecuador, que en aquel entonces importaba petróleo, iba a convertirse en exportador.
Pero vale la pena aclarar algo: la búsqueda no empezó ese día. Las primeras concesiones para exploración de petróleo se dieron en la Costa en Santa Elena en 1878.
En la Amazonía, la primera concesión para explorar se otorgó en 1921.
Cuarenta y cuatro años de búsqueda en el Oriente culminaron ese 29 de marzo con el hallazgo que cambiaría la historia económica del país.
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El sueño del desarrollo: promesas de oro negro
Cuando brotó el petróleo ecuatoriano, los políticos y economistas de la época vendieron una visión casi utópica.
Economistas y políticos vendieron la imagen de un Ecuador que estaba a las puertas del desarrollo tecnológico y financiero, producto de los fabulosos ingresos que generarían las exportaciones de petróleo y de las grandes obras de infraestructura que demandaron significativas inversiones de capitales foráneos.
Se construyó el Sistema de Oleoducto Transecuatoriano (SOTE), vías al Oriente, estaciones de perforación, y empresas estatales petroleras.
El país se llenó de sueños. Era como si le hubieran regalado a un niño pobre un maletín lleno de billetes y le hubieran dicho «ya eres rico». El problema es que nadie le enseñó a administrarlo.
Así comenzó la era en que el petróleo se convirtió en el eje de toda la economía ecuatoriana, algo que hasta el día de hoy sigue siendo un problema estructural enorme.
La sombra de Texaco: el Chernóbil de la Amazonía
Todo tiene un precio. Y el de la bonanza petrolera lo pagó la Amazonía con su suelo, sus ríos y su gente.
La UDAPT afirma que Texaco desechó cerca de 650.000 barriles de petróleo crudo y más de 16 mil millones de galones de aguas residuales en los ríos y suelos de la selva, afectando la salud y formas de vida de más de 30.000 indígenas.
Esta historia tiene un apodo que dice todo: el «Chernóbil de la Amazonía«.

¿Cómo llegamos a eso? Entre 1967 y 1992, la compañía estadounidense Texaco y Petroecuador lideraron la extracción de petróleo en la Amazonía ecuatoriana.
Más de 18 billones de galones de petróleo fueron vertidos directamente al medio ambiente, afectando el entorno y poniendo en peligro la vida de los grupos indígenas de la región de Lago Agrio, entre ellos los cofán, los secoya, los siona, los waorani y los kichua.
Y el Tetete simplemente desapareció. Como pueblo. Borrado del mapa.
Entre 1964 y 1992, Texaco extrajo petróleo del subsuelo de la selva amazónica y dejó diseminadas 880 balsas y pozos llenos de restos de hidrocarburos, contaminando ríos, arroyos y acuíferos.
Cuando Texaco se fue en 1992, no limpió nada. Se marchó como quien tira un vaso de aceite por la ventana del carro y acelera.
El juicio del siglo: comunidades contra Chevron
Lo que vino después fue un combate de David contra Goliat. Un combate épico, doloroso y que todavía no termina.
Poco tiempo después de que Texaco finalizara sus operaciones en 1992, se fundó la UDAPT, conformada por 6 nacionalidades indígenas y más de 80 comunidades campesinas afectadas, con el objetivo de buscar reparación y remediación de los daños.
En 1993, 88 ecuatorianos llevaron la demanda primero a tribunales de Estados Unidos.
Chevron —que había comprado Texaco en 2001— respondió pidiendo que el caso se trasladara a Ecuador, creyendo que tendrían más ventaja allá. Se equivocaron.
El 14 de febrero del 2011, el presidente de la Sala Única de la Corte Provincial de Justicia de Sucumbíos emitió la sentencia en primera instancia, señalando a Chevron como responsable del daño ambiental causado y condenándola al pago de 9,5 mil millones de dólares.
Fue un fallo histórico. Después de 18 años de espera, las comunidades ganaron.
Pero Chevron no pagó ni un centavo.
En los 13 años transcurridos desde la sentencia, Chevron obtuvo más de 200 mil millones de dólares en ganancias.
Sin embargo, la empresa afirmó que nunca pagaría y que «lucharía hasta que el infierno se congelara, y luego pelearía en el hielo.»
No es metáfora: eso dijeron literalmente sus ejecutivos.
La empresa retiró todos sus activos de Ecuador y acudió a un tribunal arbitral internacional, que terminó dándole la razón basándose en un acuerdo comercial firmado con Estados Unidos.
Unos 30.000 ecuatorianos se vieron afectados y el caso se considera ampliamente como uno de los peores desastres ambientales relacionados con el petróleo de la historia.
La Amazonía ganó el juicio. Pero perdió de todas formas.
Rafael Correa y la bonanza que se desperdició
Cuando Rafael Correa llegó al poder en 2007, el precio del petróleo estaba por las nubes.
Era como heredar una gallina de huevos de oro justo cuando los huevos costaban una fortuna. Una oportunidad histórica. ¿La supo aprovechar?
La respuesta es: a medias, y con consecuencias graves.
Por un lado, el gobierno de Correa desplegó una cuantitativamente importante inversión social y buscó una mayor tajada de la renta petrolera para financiar masivos programas sociales.
Hospitales, escuelas del milenio, carreteras, bono de desarrollo humano ampliado. Nadie puede negar que el gasto social fue real y que mejoró indicadores.
Pero el modelo tenía una falla fatal: todo dependía del precio del barril.
El gobierno de Correa vivió una bonanza de más de 996 días con un precio promedio superior a los 94 dólares por barril.
El boom petrolero llegó a Correa con excedentes de más de 4.600 millones de dólares. ¿Y qué hizo con esa riqueza? Gastar. Gastar mucho. Y endeudarse con China para gastar más.
Como nunca antes en la historia petrolera ecuatoriana, el crudo de exportación fue entregado sin licitación y a precios descontados a empresas estatales de China, Venezuela, Vietnam y Uruguay, que sirvieron de pantalla para transferir el petróleo a intermediarios privados que hicieron millonarios negocios a través de la reventa del hidrocarburo en el mercado norteamericano.
¿La diversificación de la economía? Prácticamente ausente. El gobierno de Correa, sin capacidad para superar el modelo extractivista, promovía incluso la minería a gran escala como nueva fase extractivista ante la disminución de las reservas petroleras.
Es decir, cuando el petróleo daba señales de agotarse, la respuesta fue: más extracción de recursos naturales.
Además, la definición del costo de producción en los contratos fue de exclusiva responsabilidad del gobierno de Correa, y constituyó el elemento central en la configuración de la participación del país en la renta petrolera.
Cuando sacar un barril de petróleo cuesta más que venderlo, el negocio explota.
Cuando los precios cayeron en 2014-2015, el castillo de naipes empezó a derrumbarse.
El presidente Correa reconoció que en ese momento era más caro explotar y obtener el crudo que el rendimiento económico que se conseguía con su venta en el mercado internacional.
Una frase que resume décadas de gestión sin planificación de largo plazo.
El gran pecado de Correa no fue solo el despilfarro. Fue no aprovechar el mayor boom petrolero de la historia para transformar la estructura económica del país.
Ecuador siguió siendo, al final de su mandato, igual de dependiente del petróleo que antes.
La situación actual: cuando el pozo se seca
Hoy, casi 60 años después de que brotó el petróleo ecuatoriano en Lago Agrio, el panorama es preocupante.
La producción petrolera cerró 2024 con una caída del 2%, extrayendo 466.895 barriles diarios entre enero y noviembre.
Es la cifra más baja desde 2020, el año de la pandemia. Eso no es una señal de recuperación. Es una señal de alarma.
Y 2025 pinta peor. La producción promedio diaria de petróleo fue de 421.000 barriles entre enero y julio de 2025, una cifra menor a los 477.000 barriles diarios que se registraron en igual período de 2024.
Los problemas se acumularon: la rotura del SOTE en julio obligó al Gobierno a declarar la fuerza mayor y suspender exportaciones, con una producción que se desplomó a 148.000 barriles ese mes.
A eso se suma el cierre del campo ITT en el Yasuní. En 2023, los ecuatorianos votaron en consulta popular para detener esa extracción, un gesto de conciencia ambiental histórico.
Pero tiene un costo fiscal enorme. La producción petrolera se hundirá a niveles cercanos a los de 2003, el más bajo en más de dos décadas.
Y el horizonte es sombrío. Los expertos advierten que la situación no debe interpretarse como una simple caída de producción, sino como declinación: cada vez llega menos petróleo desde los yacimientos a cada uno de los pozos.
No es un bajón temporal. Es el agotamiento natural de campos que llevan más de 50 años siendo exprimidos.
Para 2025, según el Banco Central del Ecuador, el Valor Agregado Bruto del sector petrolero se contraería en 7,3%.
Para 2026, las exportaciones petroleras caerían de 9.572 millones de dólares en 2024 a 6.664 millones de dólares.
La pregunta que todos los ecuatorianos deberían hacerse es: ¿qué viene después del petróleo?
El excremento del diablo: balance de 58 años
Hay una frase que se le atribuye al político venezolano Juan Pablo Pérez Alfonso, uno de los fundadores de la OPEP: llamó al petróleo «el excremento del diablo». En Ecuador eso tomó forma literal.
La exportación petrolera y sus miles de millones de dólares corrompió a la sociedad ecuatoriana, a sus dirigentes políticos, y trajo nefastos impactos en el campo social, ambiental y en la salud y vida digna de los ecuatorianos.
Medio siglo de petróleo nos dejó carreteras, hospitales, y también deuda, corrupción, contaminación y comunidades indígenas desplazadas. Es un balance agridulce, como una torta con veneno dentro.
Hablar de la economía ecuatoriana es, inevitablemente, hablar de petróleo. Desde hace más de cinco décadas, el crudo ha sido una de las principales fuentes de ingresos del país, pero también una fuente constante de volatilidad económica.
Cuando sube el barril, hay fiesta. Cuando baja, hay austeridad. El país nunca logró salir de ese ciclo vicioso.
Y ahora, con campos que se agotan, una estatal que no puede reinvertir, un endeudamiento gigantesco heredado del correísmo, y una economía todavía atada al precio del crudo, Ecuador enfrenta su mayor desafío energético y económico desde 1967.
¿Qué camino queda por delante?
Los expertos son claros: la solución no es seguir perforando los mismos campos viejos.
La solución estructural es hacer exploración para incorporar nuevas reservas, pero no hay avances. La producción petrolera se está cayendo porque tienen ya 40 o 50 años de producción.
Paralelamente, el país necesita con urgencia diversificar su economía. No puede seguir siendo un país que cuando baja el petróleo, baja todo. Eso ya no es una opción, es una necesidad de supervivencia económica.
La transición energética no es solo un tema de moda global; para Ecuador es literalmente la pregunta sobre cómo va a financiar su Estado en 20 años, cuando las reservas actuales se agoten.
El 29 de marzo de 1967, cuando brotó el petróleo ecuatoriano en Lago Agrio, nadie imaginaba que décadas después ese mismo recurso se convertiría en una trampa de dependencia.
El oro negro dio mucho, sí. Pero costó más de lo que muchos están dispuestos a admitir.
Conclusión
El petróleo llegó a Ecuador como una promesa de riqueza y prosperidad. Y en parte cumplió: financió infraestructura, programas sociales y puso al país en el mapa de los exportadores de crudo.
Pero también trajo corrupción, devastación ambiental, comunidades indígenas destruidas, un juicio que aún no se resuelve con Chevron, y una economía que nunca aprendió a caminar sola sin el crudo como muleta.
Desde ese 29 de marzo de 1967 en que brotó el petróleo ecuatoriano hasta hoy, Ecuador ha tenido décadas para construir algo más sólido.
No lo hizo. Y ahora, con los campos en declive, la cuenta llega. La lección más cara de la historia económica ecuatoriana es que los recursos naturales no son riqueza en sí mismos: son oportunidades. Y las oportunidades se aprovechan o se desperdician.
Ecuador, por desgracia, desperdició demasiadas.
Preguntas frecuentes
¿En qué fecha y lugar exacto brotó el petróleo ecuatoriano por primera vez?
El petróleo brotó el 29 de marzo de 1967 en el pozo Lago Agrio No. 1, en la actual provincia de Sucumbíos, en la Amazonía ecuatoriana. Fue operado por las compañías Texaco y Gulf bajo concesión del Estado ecuatoriano.
¿Cuánto petróleo produjo el primer pozo en Lago Agrio?
El primer pozo produjo aproximadamente 2.610 barriles diarios de crudo liviano, extraídos desde una profundidad de alrededor de 3.100 metros. Para junio de 1968, ocho pozos ya producían más de 10.000 barriles diarios.
¿Por qué Chevron nunca pagó la condena de 9.500 millones de dólares por contaminar la Amazonía?
Porque Chevron retiró todos sus activos de Ecuador antes del fallo y demandó al Estado ecuatoriano ante el Tribunal Permanente de Arbitraje de La Haya, que terminó dando la razón a la empresa basándose en un tratado bilateral de inversiones. La sentencia ecuatoriana quedó sin poder ejecutarse.
¿Qué hizo mal Rafael Correa con los ingresos del boom petrolero?
Correa gastó masivamente en inversión social e infraestructura, pero no diversificó la economía ni creó un fondo de ahorro soberano significativo.
Además, se endeudó con China hipotecando el petróleo a precios descontados, y firmó contratos de servicios con costos de producción muy altos que se volvieron insostenibles cuando cayó el precio del barril.
¿Cuánto tiempo le queda de producción petrolera rentable a Ecuador?
Los expertos estiman que las reservas actuales podrían agotarse en un horizonte de 20 años si no hay nuevas exploraciones exitosas.
La producción ya muestra una declinación estructural y en 2025 cayó a niveles no vistos en más de una década, con proyecciones cada vez más pesimistas para los próximos años.
Fuentes: La Historia | Diario Los Andes | Open Democracy | Texaco Tóxico | Amazon Watch | La Hora | Plan V | Primicias









